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Las tetas caídas de María Ester

María Ester quien supo ser la más linda de la clase, hermosa mujer merecedora de los más obscenos lujos, de la cual los viejos verdes se enamoraban, María Ester la princesa del pueblo; hoy tiene las tetas caídas.

Preciosas y grandes tetas que soñaban con la paz mundial, parados pesones que apuntaban a bienaventurado destino, y un vaivén imnotizante; esas eran sus herramientas para la vida. Fiel reflejo de un mundo sexista, en el que una imagen vale más que mil palabras.

Los años han empañado el espejo en el que María Ester encontraba todas las respuestas. Cual manzana envenenada que se llame todos los días un poco,  el enano más repugnante de los siete, o la rueca de esa máquina que no es más que una vil trampa del destino.

Solo el tiempo acomoda en la vieja estantería de la justicia, los libros importantes, los con incunables, únicos e irrepetibles; y deja en el piso, como todo lo que se cae y nadie lo levanta, por qué ya no le importa, a los libros banales, a los lugares comunes y a la belleza efímera.

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